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#pensamientos
excen-tricos · 22 hours ago
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Necesito desnudarme con alguien y no hablo físicamente…
Lonle
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dolidxs · 2 days ago
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resulta drástico pero quiero arrancarte los ojos, darte unos nuevos que me veas de otra forma que tus sentimientos caminen hacia mi y solo a mi
es una pena, porque son hermosamente tristes pero ya no quiero ver que me mires y encontrar miles de nombres menos el mío,
quizá es más que drástico hacer o pensar lo que deseo incluso un pecado ahora que lo analizo.
así que vete, no me mires no me hagas pecar de ninguna forma, vete y no me mires que odio leer la poesía escrita en tus ojos dirigida a otras personas, vete y no me mires que si lo haces con esos ojos tan jodidamente hermosos pero necios te los arranco.
—Arrancarte los ojos; Joya
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oceano-de-letras · a day ago
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¿Habrá algo de virtud en sentirse agotado sin haber hecho otra cosa más que existir?
Mar
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desorden-en-letras · 2 days ago
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Esta bien detenerse un segundo, tomar aire, un respiro, relajarse un poco, para luego volver a continuar.
Mon-espace
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excen-tricos · 2 days ago
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No lo sabe, y quizá nunca lo sabrá pero me salvó la vida...
- J.g.g
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trovador-de-versos · 2 months ago
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Tumblr media
El Pacto
Catorce de febrero de 1899. En la pequeña ciudad de Padua, bajo la sombra de un sauce, escribieron sus nombres en el banco, testigo de sus amores. Eran adolescentes y aún así, se prometieron amor eterno. Cada año, en la fecha acordada, se encontraban en el mismo lugar, como haciendo una especie de ofrenda frente al sauce, único testigo de sus sentimientos. Los años pasaron y el hado desvió sus caminos. Él, se marchó a Medio Oriente y se enlistó en la milicia. Fue ahí, donde su corazón se endureció con la ira, el rencor y la avaricia. Ella, continuó sus estudios de arte, llegando a ser una excelente pintora. Su dulzura y compasión era conocida por todos, en la ciudad. La avaricia crecía cada día en él, y su alma se transformó en un sitio oscuro y frío. Su único objetivo era atesorar riquezas con el contrabando de mercancías ilícitas. Ella, por el contrario, irradiaba luz. Sus cuadros se vendían con éxito y su nombre era reconocido, no sólo por su técnica de plasmar imágenes, sino también por su gran espíritu altruista. Cronos había hecho su trabajo, y terminó separando a dos almas que, a pesar de sus diferencias, seguían amándose como el primer día. Finalmente, él falleció con un corazón enmarañado y de aura oscura. Destinado al fatal infierno. Sin haberse arrepentido nunca de sus actos. Lo único bueno que permanecía en él, era ese amor inmenso que sentía por aquella dulce chica. Su promesa de reunirse cada catorce de febrero, trascendió más allá de la muerte... Ella, continuó yendo puntual a la cita, y con anhelo ardiente lo esperaba. Él no podía tocarla, sólo la contemplaba, lloraba su pena y su eterna condena. Que era precisamente esa..., no poder tocar sus cabellos, tampoco besar sus labios. Mientras lo extrañaba, perdonó todas sus errores; se imaginaba besándole en la frente. Él solamente sentía el gesto, sin sentir el calor de ese beso... Anteros, defensor de los amores recíprocos, observaba desde el Olimpo, aquella historia de amor de dos indefensos mortales, que sin lugar a dudas habían superado la barrera de tiempo y espacio. Decidido a unirlos, pidió permiso a Zeus, para sellar ese pacto. Fue así, que el catorce de febrero de mil novecientos sesenta y nueve, el cielo amaneció teñido de grises colores y refulgentes rayos surcándolo. Ella, con todos los años a cuestas se levantó igual de la cama para ir hasta el lugar donde selló el pacto con el amor de su vida. Sentada debajo del sauce y protegiéndose de la torrencial lluvia con su paraguas rojo, honró aquel pacto de amor sabiendo que él no llegaría, que no sentiría sus besos y sus palabras. Fue entonces que sacó de su bolsillo una hoja perfumada. La noche anterior había escrito un poema para él. Comenzó a leerlo y de pronto el cielo dejó de llorar y un tímido sol se hizo notar. El viento comenzó a soplar dándole vida otra vez a la naturaleza. Ella dejó sobre el banco, la hoja con el poema y cerró los ojos. Al abrirlos, él estaba allí, sentado a su lado mirándola con el alma en las manos. Un cálido beso selló el encuentro y se pusieron de pie para marcharse lejos de allí, mientras Himeneo tocaba la marcha nupcial y el poema surcaba los cielos en los brazos del viento.
Autores: R.Mazzoccone y L.Lojek (Ousía Poética) Declamación: Ana-Yancy Morales
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